De estados-naciones a naciones sin estados

 

Autor: Philip Saunders. Traductor: Miguel Rivera

 

Estamos viviendo en una época de ruptura. ¿Qué tan profundo es el agujero del conejo?

 

Estamos presenciando un cambio en la forma de organizar la civilización de monopolios de la fuerza y la violencia en el espacio territorial hacia un mundo de redes civiles sin separaciones limítrofes. O, en palabras de Tom W. Bell, “un movimiento de los estados-nación a las naciones sin estado“, que extienden la dinámica de las redes sociales a actividades tradicionalmente monopolizados por el gobierno. Monedas digitales como bitcoin ya están desafiando el monopolio del Estado en la provisión de moneda, y es inevitable que la tecnología peer-to-peer y contratos inteligentes comenzarán a desafiar el monopolio de la ley y de resolución de conflictos.

Este cambio refleja el grado en que la Internet ya ha ampliado al elcance de nuestro pensamiento y acciones. Podemos conocer y hacer amistad f{acilmente con gente del otro lado del mundo que compartan nuestros intereses. Ahora podemos comprar y vender a cualquier persona en cualquier lugar. Podemos ofrecer nuestros servicios en sitios independientes como Fiverr y Upwork. Todo esto es increíble, sin precedentes, y hay más por venir. Nuestros hábitos sociales y oportunidades económicas se han transformado y ampliado. Estamos mejor debido a ello. Los que creen que una institución diseñada en el siglo 17 va a ser capaz de adaptarse al nuevo mundo a través de pequeños cambios en la política en lugar de adaptarnos a través de un cambio en los fundamentos mismos de la institucionalidad, no están analizando la realidad efectivamente.

 

Suena radical. Pero la verdad es que el Estado-nación a la antigua no puede durar para siempre. Pertenece a un capítulo en particular de la historia humana, y fue construido por un cierto tipo de sociedad y de economía que ya no existe. Las civilizaciones antiguas como Roma y Egipto también aspiraban a la permanencia y la inevitabilidad, pero fueron barridos por los cambios sociales y económicos subyacentes. Lo mismo puede decirse de feudalismo. La Carta Magna desafió las extralimitaciones del rey Juan I y creó los inicios de la monarquía constitucional y lo que ahora llamamos derechos humanos. La Declaración de Independencia desafió las extralimitaciones del rey Jorge III y creó en Occidente lo que tenemos hoy: el Estado democrático liberal.

Pero ese sistema se está comportando cada vez más como un anacronismo chirriante que viola nuestras libertades, crea desigualdades, divide nuestro planeta y nos distrae con mezquinos argumentos sobre el “espectro de izquierda / derecha“. Parafraseando a Martin Luther King, “el arco de la historia es largo, pero se dobla hacia la libertad”. ¿Es el Estado democrático liberal de verdad “el fin de la historia”, como Francis Fukuyama dijo una vez? ¿Esto es todo lo que hay? O podemos crear en el siglo 21 un nuevo salto, de la talla de la Carta Magna o de la Declaración de la Independencia, o algo más grande aún?

 
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Carta Magna

 

Muchos creen que la mejor estrategia para hacer frente a un mundo globalizado es globalizar el Estado, o hacerlo más democrático, pero esto es un profundo error. El problema con el feudalismo y el control británico de las colonias americanas no era logístico o administrativo, eran moral. Lo que define a un estado por encima de todo es su monopolio de la violencia, y la participación forzada en una zona geográfica determinada. El apilamiento capa sobre capa de control autoritario de lo local a lo global es simplemente la aplicación de un estilo defectuoso de gobernabilidad del siglo 17 adaptada a través de los años, pero que no cuestiona el modelo en sí: el estatismo.

 

El Internet nos muestra una forma diferente de gobierno: en red, en un mundo policéntrico no territorial, de jurisdicciones voluntarias y salidas abiertas. Distinto al modelo actual de geopolítica de “granjas de impuestos” (como algunos han bromeado acerca de los estados), un sistema jurídico policéntrico no basado en la geografía, como Facebook, Twitter o Google; sino más bien en el consenso voluntario, donde los participantes puedan entrar o salir en cualquier momento, o permanecer neutrales, independientemente de su ubicación física.

Un ordenamiento jurídico policéntrico en el que las naciones sin estado compiten por seguidores sería superior a nuestro sistema actual desde un punto de vista democrático, igualitario y libertario. En lugar de las diferentes facciones e intereses especiales que compiten por el poder en un estado centralizado, a través de los partidos políticos o amiguismo corporativo, las personas con diferentes perspectivas pueden salir de los tratos o contratos sociales con los que no estén de acuerdo y formar comunidades consensuales de su propio diseño. Cuando a las personas se les permita participar directamente y construir su mundo, pronto veremos qué ideas funcionan en la práctica y cuáles no.

 

La importancia de los Derechos de salida

 

Para ello será necesario un fuerte compromiso por parte de todas las comunidades y redes emergentes a una innovación cívica llamada Derechos de salida: es decir el derecho a darse de baja. Cada vez que presiona el botón “cancelar suscripción” en los correos electrónicos molestos, está practicando sus derechos de salida a pequeña escala.

En una escala mayor, creo que el principio es claro y debe ser universalizado a todas las formas de interacción humana y acuerdos políticos. La Constitución de Estados Unidos es un buen ejemplo del peligro de crear el “sistema perfecto” en el papel sin tener en cuenta los derechos de salida. La Constitución creó un gobierno limitado, restringido por la Declaración de Derechos de unos deberes centrales. Sin embargo, en la realidad, en los últimos doscientos años se ha convertido en el gobierno más grande en la historia, con el mayor ejército, un complejo interminable de regulaciones opresivas y una deuda nacional por una suma de 19 billones de dólares. Las cosas no salieron según lo planeado, por decir lo menos.

 
La Paz de Westfalia

La Paz de Westfalia, por Gerard Terborch, National Gallery. Londres

 

Y muchos estados nación europeos están en una situación similar, o peor. Los idealistas pueden crear sistemas maravillosas sobre el papel, pero estos ideales en el tiempo están inevitablemente corrompida por cortoplazistas y buscadores de poder. Los derechos de salida protegerán las generaciones futuras de los sistemas que se vuelven tiránicos. La libertad de cada ser humano individual para entrar o salir de un acuerdo político en particular, en cualquier momento será un incentivo para que las futuras organizaciones policéntricas respeten los derechos de sus ciudadanos, mientras estas organizaciones compiten entre ellas, lo que las impulsará hacia la transparencia y la excelencia.

 

Creo que cuando este cambio suceda habrá resistencia, casi de la misma manera que los monopolios de taxis en París, Londres y Nueva York están luchando contra el aumento de empresas como Uber. Pero en un mundo donde los derechos de salida son preciados, la gente todavía podrá optar por permanecer legalmente asociado con las naciones tradicionales, por razones emocionales, culturales o prácticas.

El punto clave es que no debería haber ningún impedimento para que las personas abandonen su ciudadanía de los Estados nacionales existentes y puedan formar nuevas y mejores comunidades y jurisdicciones paralelas. Al igual que con Uber, hay muchos intereses especiales que se basan en el mantenimiento de estos monopolios legales, que harán todo lo posible para luchar contra estas tendencias. Tienen que entender que no estamos pidiendo su permiso, y ellos serán derrotados.

En las palabras de ese gran anarquista, Bob Dylan, “Venid senadores, congresistas / Por favor, presten atención al llamado / No se paren en la puerta / No bloqueen el pasillo / Porque el que es dañado / será quien se retire”.

Pero junto con las inevitables luchas que vendrán con estos cambios fundamentales, estas ideas presentan una gran oportunidad para los Millennials a tomar la historia con nuestras propias manos, tomar lo que está bien del mundo y construir uno aún mejor.

 

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Erik Vollstädt

Bitnation Lead Ambassador and Community Director. Born 1993, aspiring entrepreneur and champion of voluntary societies & private property ethics. Proponent of counter-economics and competing market currencies, such as cryptocurrencies. Represented Bitnation as Lead Ambassador since 2015 at the Riga Bitcoin and Cryptocurrencies Meetup, the iBGEk basic income stage discussion in Klagenfurt (Austria), the Cointelegraph Blockchain Conference in Helsinki, the Zündfunk Netzkongress in Munich, at itnig for the Barcelona Bitcoin Community during the Mobile World Congress 2017 and at the Bitnation DevCon 2017 in Amsterdam. Author of the Bitnation blog. Media appearances include Shift (Deutsche Welle), Der Fehlende Part (RT Germany) and Zündfunk (BR2). Coordinates Bitnation's ambassador network globally and organizes meetups all over Europe. Graduated in Business Innovation & Technology Management (M.Sc.) in Girona (Catalunya, Spain). Wants to live an international lifestyle.

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