Yasuní: La conquista del Estado sobre las naciones amazónicas

Fabricio Terán, 19/08/2013

En días recientes, luego de la decisión del gobierno ecuatoriano de cancelar la Iniciativa Yasuní ITT [1] he visto surgir varias opiniones en redes sociales. Algunas me sorprenden ligeramente por su divergencia frente las coyunturas usuales, por ejemplo anticapitalistas a favor de la extracción, aliados del gobierno a favor de conservacionismo, opositores conservadores contra la extracción petrolera, liberales a favor de la industria petrolera estatal en la Amazonía. Es interesante la facilidad con que se cambian los argumentos según cómo se muevan las opiniones de los líderes políticos, porque un día antes de la cancelación de la iniciativa es posible que esas opiniones fueran diferentes. También he notado que el debate se mueve en la esfera filosófica del industrialismo versus el conservacionismo, como falso dilema de los marcos teóricos desde los cuales argumentar.

Explicaré por qué el tema del Yasuní ITT (la zona, no la iniciativa estatal) para cualquier defensor de una sociedad de mercado no se trata en origen de un dilema entre industrialismo y conservacionismo, y por qué a pesar de que propugnar una sociedad de mercado se asocia con facilidad a una sociedad industrial, en este caso puntual la alternativa idónea es defender una postura que guarda algún parecido al conservacionismo, al menos de forma parcial, pero sin relación alguna con el argumento de la biodiversidad. Y sin ninguna apología a proyectos inviables de “economía ecológica” como pedir dinero a otros Estados “por no hacer algo”. [2]

 

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Ha de tomarse en cuenta que la división de los territorios amazónicos en bloques petroleros por parte del Estado del Ecuador (cosa similar hacen Estados amazónicos vecinos) es un reclamo arbitrario por parte de esa agencia de gobierno. Nos explican Hoppe y luego Kinsella que los derechos de propiedad sobre algo se fundamentan en el reclamo más objetivable, aquel que los otros, desde fuera, podamos identificar como cierto.[3] En el caso de la zona donde se ubican el Parque Nacional Yasuní y la zona ITT, se encuentran dos reclamos de propiedad, no del tipo usual entre Estados, guerrillas o nacionalismo a la occidental. Estos reclamos son los bloques petroleros del Estado ecuatoriano, y los territorios de la nación huaorani y su subdivisión taromenani. Aceptando la ocupación previa como la forma más objetivable de una pretensión de propiedad, las naciones huaorani y taromenani (sin profundizar en derechos de propiedad individuales y dando por hecho derechos de tipo comunal) serían los legítimos dueños de tales territorios, invalidando las pretensiones del Estado ecuatoriano de asignar bloques petroleros sobre zonas que no le pertenecen. Tanto que en el caso de los taromenani y otros pueblos aislados, las zonas que estos controlan (de nuevo asumiendo que son tipo comunal) nunca han estado bajo el poder de gobierno alguno, siendo el mapa del Estado ecuatoriano sobre la Amazonía sólo una ficción cartográfica.[4]

Debo aclarar que no toda la Amazonía ha tenido como ocupantes previos a las naciones aborígenes, por lo que la colonización pacífica de zonas sin dueño (es decir, sin reclamo objetivable de ocupación previa) carece de conflictos de justificación desde la ética de una sociedad de mercado [5]. En cambio, en las zonas donde si existe una ocupación previa la colonización se convierte en invasión, véase como muestra el caso de los bloques petroleros 31 y 16 del Estado de Ecuador que están sobre territorios de otras naciones previas a ese Estado y sobre la cuales el control efectivo si no es simbólico es reciente. Desde la década de 1960 la Amazonía ha sido el escenario de una conquista sistemática de parte de la persona jurídica Ecuador sobre territorios que no le pertenecían y ya tenían otros dueños, conquista amparada ideológicamente en el nacionalismo de los ciudadanos ecuatorianos (engañados también por la ficción cartográfica de que Ecuador controlaba “su” Amazonía desde siempre) y en el silencio cómplice de una comunidad internacional de “Estados reconocidos” como cartel que designa los límites donde cada uno de ellos puede saquear “en paz”. [6]

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Sin embargo, hay que rescatar los intentos benévolos de protección de estos pueblos, con la declaración de parques nacionales y zonas protegidas y acuerdos con algunas etnias amazónicas. Pero pese a las que supongo son buenas intenciones de estas declaraciones, estas siguen trabajando en la lógica de que todos esos territorios pertenecen en principio al Estado ecuatoriano y de que los indígenas son “nuestros” museos vivientes. Lo más cercano a una declaración sincera del Estado ecuatoriano sobre su no-dominio efectivo de la Amazonía fue la declaración de Zona Intangible en parte del Yasuní en 1998. Creo que esto último es lo más acorde en la ley estatal de Ecuador con lo que deberían defender los partidarios de una sociedad de mercado, si bien las razones son distintas pues la afirmación desde la filosofía legal de mercado no se basa en la conservación de una porción de selva per se, sino que parte de la premisa que esa porción de selva es de personas sobre las que no tenemos los otros ninguna potestad, y son ellos, los previos ocupantes, los que eventualmente han de decidir qué hacer con su porción de selva, dejarla como está, venderla, sembrarla, industrializarla, etc.

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Así pues, el debate desde la ética de no-agresión respecto al Yasuní ITT no gira en torno al falso dilema de si por el “bien común” de los ciudadanos del Estado ecuatoriano cierta zona debe usarse para la extracción o debe conservarse selvática, como si solo se tratase de un problema técnico o ambiental cuando es un problema ético (y por ético me refiero a relación entre personas no a la emotividad del argumento de la biodiversidad, pues las plantas y los jaguares no tienen problemas éticos). El dilema real es sobre si tienen los ciudadanos y autoridades del Estado ecuatoriano alguna potestad sobre territorios ajenos que ni siquiera están bajo soberanía del Estado al que los ecuatorianos pertenecen. Y por definición doctrinaria ningún libertario está a favor de la conquista de naciones extranjeras, aunque estas sean solo pequeñas tribus, así que desde allí hay que derivar una posición ideológica sólida.

 

Notas:

[1] La Iniciativa Yasuní-ITT fue una propuesta surgida de grupos ecologistas y tomada por el gobierno ecuatoriano en 2007, para condicionar la continuidad de una zona protegida en la Parque nacional Yasuní, frente a la posibilidad de que el Estado ecuatoriano permita la extracción de petróleo en el lugar. Se basó en que los países desarrollados paguen a Ecuador cada año para mantener ese territorio sin explotación petrolera.

[2] Para profundizar detalles de la inviabilidad predecible de la “economía ecológica”, y sus supuestos erróneos tanto económicos como ecológicos, desde la teoría austriaca, ver: Yasuní-ITT explicado a no ecuatorianos y no (o malos) economistas, Luis Espinosa Goded, 2013.

[3] Sobre el ‘enlace ojetivo’ como condición necesaria de la propiedad privada: Entrevista a Stephan Kinsella, por The Libertarian (UK), 2013. Justificación de la privatización total, por Hans Hoppe, 2011.

[4] Los pueblos en aislamiento voluntario no lo están necesariamente por un rechazo al desarrollo económico o tecnológico. Esto es algo que no sabemos con certeza. De lo que hay indicios es que son sobrevivientes de masacres tribales o de la brutalidad de empresas extractivistas, epidemias, o descendientes de estos sobrevivientes. Estas comunidades se encuentran en lo que los mapas asignan ficticiamente a Ecuador, Perú y Brasil.

[5] ¿Quién es dueño de la Amazonía?, por Fernando Chiocca, Instituto Ludwig von Mises Brasil, 2011. En el mismo texto se afirma: “No, la Amazonía no es nuestra. El que la capture es el que se la guarda. Y más le vale que la disfrute, transformando los recursos no utilizados en los bienes demandados por la gente, que van desde los parques ecológicos hasta adornos de sandalias.” El mismo principio de colonización pacífica, o apropiación originaria, para defender la propiedad ‘soberana’ de los territorios ancestrales es el mismo principio que en esencia llevará a todo defensor de una sociedad de mercado a oponerse filosóficamente al ambientalismo y al conservacionismo mainstream.

[6] En diálogo epistolar el investigador de lenguas amazónicas Daniel Palacios comenta: “La arrogancia del Estado [pretendiendo propiedad/soberanía de territorios que no ha tocado] tiene raíces profundas: España y Portugal se repartieron la inconquistada América en 1494. Luego las guerras entre estados sucesores amazónicos fueron sobre territorios donde ninguno de ellos poseía soberanía real. Por ejemplo, Ecuador nunca llegó hasta el [río] Amazonas de facto, sólo en papeles.” En su libro La ética de la libertad (capítulo 8), Murray Rothbard llama a este fenómeno “complejo de Colón”.

 

Tomado de: Instituto Ludwig von Mises Ecuador – Yasuní: La Conquista del Estado sobre las naciones amazónicas

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Erik Vollstädt

Bitnation Lead Ambassador and Community Director. Born 1993, aspiring entrepreneur and champion of voluntary societies & private property ethics. Proponent of counter-economics and competing market currencies, such as cryptocurrencies. Represented Bitnation as Lead Ambassador since 2015 at the Riga Bitcoin and Cryptocurrencies Meetup, the iBGEk basic income stage discussion in Klagenfurt (Austria), the Cointelegraph Blockchain Conference in Helsinki, the Zündfunk Netzkongress in Munich, at itnig for the Barcelona Bitcoin Community during the Mobile World Congress 2017 and at the Bitnation DevCon 2017 in Amsterdam. Author of the Bitnation blog. Media appearances include Shift (Deutsche Welle), Der Fehlende Part (RT Germany) and Zündfunk (BR2). Coordinates Bitnation's ambassador network globally and organizes meetups all over Europe. Graduated in Business Innovation & Technology Management (M.Sc.) in Girona (Catalunya, Spain). Wants to live an international lifestyle.

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